Apenas unas semanas después, el Real Madrid anunció el fichaje de Luis Enrique. Es un grande». Antes de que finalizara la temporada, Luis Enrique ya había tomado la decisión de dejar la Roma, a pesar de que tenía firmado un año más de contrato. A petición suya, firmaron contrato José Ramón Callén, el preparador físico que había dirigido sus entrenamientos de resistencia desde noviembre de 2006, y Joaquín Valdés, un licenciado en Psicología, máster en Psicología de la Actividad Física del Deporte, diplomado en Magisterio y profesor universitario, asturiano como él, que había trabajado para el Sporting de Gijón entre los años 2000 y 2005. Los dos se integraron perfectamente en un equipo técnico que contaría con Joan Barbarà como segundo entrenador, Carles Busquets como entrenador de porteros y Jordi Roura y Juli Bergé como responsables del área de scouting, en sustitución de Domènec Torrent y Carles Planchart, tottenham chandal a los que Guardiola se había llevado al equipo profesional. Ahora, sin embargo, no le rechazaban por ser pequeño -ya media 1,80- y delgado, aunque su biotipo físico siempre haya sido el mismo.

Sin embargo, allí no pudo confirmar las condiciones de delantero listo, rápido y goleador que había mostrado en su club de la barriada de Gijón, que había tomado su nombre de los pastizales de la cordillera cantábrica a los que, en verano, se traslada el ganado vacuno a fin de engordarlo. Es posible que en esos momentos, el Real Madrid ya tuviera cerrados acuerdos con el club asturiano y con el jugador. El club azulgrana, cuyo primer equipo entrenaba Johan Cruyff, se comprometió a abonar al club asturiano cien millones de pesetas por temporada a cambio del jugador de su plantilla que eligieran los técnicos barcelonistas. Pero algo tenía este futbolista que no acababa de seducir a los técnicos del club catalán. Y Luis Enrique fue el primer futbolista elegido por los técnicos del club del Camp Nou. En la rueda de prensa posterior a ese último traspiés, Luis Enrique fue muy claro a la hora de contestar a los periodistas sobre las causas por las que no llegaban las victorias: «No voy a ponerme a llorar.

En la rueda de prensa posterior al partido, le pidieron que opinara sobre la negatividad que se respiraba en el ambiente tras las derrotas ante el Real Madrid y el Celta y el empate de Getafe: «Yo no noto negatividad en el entorno. Entró a los 61 minutos del partido, sustituyendo al gaditano Torres, pero no pudo evitar que los andaluces, en cuyo equipo jugaba «el Boquerón» Esteban, ganaran el encuentro. Se mantienen con respecto a la temporada anterior Jaume Torres, chandal del tottenham Jordi Melero y el colaborador Jordi Pallarols. García Cuervo no ha olvidado ese episodio ni la primera conversación que tuvo con Luis Enrique: «Me comprometí con Ismael y con Nely a que se quedaría conmigo durante toda la temporada. Luis Enrique consiguió alcanzar su sueño con un amor propio incombustible y tras protagonizar un episodio que resulta difícil de olvidar para cualquier gijonudo: firmó un contrato con el Real Oviedo y deshizo su compromiso retornando a través de un conductor de autocar de la compañía Alsa el importe de dos mensualidades que había cobrado como anticipo. Entrenador del filial sportinguista, tuvo que convencer a Ismael Fernández y a Nely, la madre de Luis Enrique, para que rompiera con el Real Oviedo.

Jesús Aranguren fue el entrenador que hizo debutar a Luis Enrique en Primera el 24 de septiembre de 1989. Pero la realidad es que quien le había convencido para que desistiera de su idea de jugar en el Real Oviedo y regresara al Sporting de Gijón, y quien había tutelado la fase final de su formación como futbolista fue Carlos García Cuervo. Cuando el Barcelona expuso su intención de hacerse con los servicios de Luis Enrique, en cumplimiento del acuerdo establecido entre las dos entidades, los dirigentes del Sporting de Gijón respondieron que su delantero valía 250 millones de pesetas, que era el importe de la cláusula de resolución de su contrato. Es decir, que debía nutrirse, hidratarse y descansar de acuerdo a unas pautas tan rigurosas como la constancia con la que iba a entrenarse. Ter Stegen estuvo mal en uno de los goles en jugada de estrategia, el equipo perdió ochenta y cinco veces el balón y Luis Enrique se quejó de todo ello: «Hay errores que no se pueden cometer de ninguna de las maneras». Luis Enrique no había recibido todavía el segundo revés de su incipiente carrera. 3,8 kilómetros, recorrer 180 kilómetros en bicicleta y cubrir los 42.195 metros de una maratón; todo eso de un tirón, sin un solo segundo de respiro.